El regreso del terroir entrerriano

En nuestra apuesta por descubrir y conocer las distintas producciones de la región En Agenda visitó Viñedos del Litoral. Un predio de 9 hectáreas en la zona rural de La Criolla donde Darío Kerling, Primo Rigoni y Edgardo Siandra, tres entusiastas,  apuestan por la vitivinicultura.

Por Rocío Martínez

Los primeros viñedos en la provincia se iniciaron en el siglo XIX; para 1860 en Colonia San José y Concordia; en Victoria y Federación para la década de 1870. El gobierno provincial incluso, impulsó planes económicos para incentivar el sector por lo que incrementó la inversión a un total de 2.509 hectáreas cultivadas. En ese momento se convertía en la cuarta provincia vitivinícola.

En 1934, una disposición legal avalada en políticas económicas implementadas por el presidente Agustín P. Justo prohibió la actividad. La decisión impactó en más de 30 emprendimientos, cultivos y bodegas. En 1993, el Congreso de la Nación derogó esa ley. En 1998, una nueva legislación desreguló la actividad.

En Concordia históricamente, los vinos Lorda fueron los que más se destacaban por tener una uva de “pulpa muy jugosa, dulce, con gusto especial”, en tanto que el vino logrado era de un color muy subido, con mucho cuerpo y bastante fuerza alcohólica; el Cabernet-Lorda, era de Concordia. Mientras que las tierras de Concepción del Uruguay y Colón permitían hacer un vino tinto de perfume y sabor propio de su origen, mezclado con madera y de buen color rojizo.

El vino tinto Pinot Noir era de Concordia y Concepción del Uruguay; el tinto suave Malbec se producía en Concordia y Colón; el blanco frutado Semillón sólo en Concordia, al igual que el rosado boyolé francés Gamay, mientras que el Cabernet Sauvignon en Concepción del Uruguay.

Cuenta el libro “Entre Ríos, viñas y vinos” que las bodegas de Concordia llegaron a elaborar hasta mil cascos de vino común de 200 litros cada uno. La producción cubría la demanda local, el excedente se distribuía en Buenos Aires, Corrientes, Misiones y el resto de Entre Ríos. Estas cepas habían sido traídas de Europa y los oficios necesarios para la elaboración del vino también. En 1911, cuando en los planes del Estado nacional no estaba destruir la producción se creó en Concordia la Estación Enológica Nacional, que tenía por finalidad “la experimentación y enseñanza con el carácter de establecimiento agrícola industrial, de índole lucrativa y a la vez de demostración”, escribió la investigadora Domínguez.

En 2013, un grupo de tres socios, trabajadores de la tierra comienzan a invertir tiempo, dedicación y esperanzas en lo que se convertiría en los “Viñedos del Litoral”. Los tres venían de sufrir fuertemente la crisis en el sector citrícola, pero nada los detuvo de seguir ocupándose de la tierra y soñar con una industria renaciente.

Los Viñedos del Litoral, son exactamente 9 hectáreas en la zona rural de La Criolla. En estos viñedos se plantaron tres cepas aptas para vinificar; tanat, merlot y marcellant (tintos). Las plantas certificadas se trajeron de Mercier, Mendoza.  Por el momento, en lo que respecta a blancos, se cultivó Moscatel de Alejandría a modo de ensayo esperando también se pueda incorporar la fruta en los próximos procesos de elaboración.

El permanente control y salubridad de las plantaciones es importante, ya que según los responsables: “La calidad empieza en el viñedo. No importa el tiempo que lleve lograr los resultados”.

Tres años después de haberse aventurado, se realizó la primera vendimia que dejó resultados positivos en la calidad de la fruta. Aunque según los enólogos con la fertilidad de estas tierras, la cosecha podría haberse realizado antes.  Así fue como el peso de la historia y el sabor de las uvas dejó al descubierto el insuperable terroir entrerriano.

Culminado el proceso de recolección de la uva, las vides son trasladadas para su almacenamiento y embotellado a Colón. Ya que en La Criolla no se cuenta con una bodega propia, siendo este un proyecto a mediano plazo.

Hoy, los viñedos están abiertos a recibir visitas y formar parte de una propuesta de turismo rural o enoturismo, apostando no solo a un producto con identidad local sino también compartir el paisaje con atributos característicos de la región. Las visitas buscan generar experiencias turísticas innovadoras para un público cada vez más amplio, más interesado y más familiarizado con todo lo que rodea el misterio del vino. Muchos turistas desean pisar la tierra de las viñas, tocar las uvas, conocer las principales diferencias entre las diferentes vides y uvas y aprender sobre el proceso de plantación, floración, maduración y recogida de las uvas.

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