MASTICAR: una fiesta de los sentidos

por Carlos Rodríguez

Febo asoma ya sus rayos y el remisero que me lleva hasta el punto de partida arranca el domingo ATR, o mejor dicho, lo continúa, porque viene de corrido y con un concierto en vivo de Damas Gratis a volumen crucero. ‘¿Molesta, maestro?’… ‘Para nada, todo bien con Pablito…’

Largamos en dos autos desde ‘La Pastelería’, el hogar de Maxi y Rita. Marcha una delegación de 10 personas en 2 autos. En Capital nos encontraremos con los demás integrantes del combo litoraleño.

El ingreso a la Feria Masticar es caótico, una multitud se agolpa para poder entrar en el par accesos habilitados. Una vez concluido el evento, sus organizadores confirmarán el logro: cortaron más de 150.000 tickets en tres días.

Este cronista viaja acompañando al equipo de Eduardo Avio y Paula Naón, cocineros, dueños de Estrada 123 y hermosos por naturaleza y definición. Los chicos van a brindar un Taller de Oficios sobre pescado de río, que sería todo un suceso a partir de la degustación, la demostración en vivo del despinado de boga y tararira (a cargo de ‘El Yaca’, de la Cooperativa de Pescadores Unidos de Benito Legerén), un pesto de arándanos de campeonato y la bendición visionaria de la mismísima Narda Lepes (creadora de Masticar, quien se acercó especialmente junto a su hija Leia -sí, como la de Star Wars-).

En la trastienda conversan cocineros concordienses que viven en CABA y que se acercaron atraídos por el camino del pescado, Fernando Mayoral, Marcelo Agosti, Andrés (de la red Piri-Hué), una mamá de una amiguita de Leia y los entusiastas papás de Paula, dos cracks con más energía que un paquete grande de maca. Una celebración dentro de otra. Pura vida.

El lugar hierve de gente. Es domingo y los puestos de comida explotan. Lo mismo ocurre con los de la feria de productos.

Capítulo aparte merece el exceso de mate amargo en el viaje de venida que le jugó una mala pasada al escriba (a embromarse por panza verde), dado que en un oasis de sabores sólo pudo probar el espectacular caldo de gallina (con garra incluida), creación de ese otro visionario que es Germán Martitegui. Más que nunca se cumplió aque viejo adaggio que indica que la comida también entra (sólo) por los ojos.