Nació en Buenos Aires en el 54, el pibe que a sus 16 años empezó a luchar su lugarcito en el plantel de River Plate, enganche clásico, dirigido por Ángel Labruna, pero opacado por otro que sabía un poquito como se jugaba a la pelota: Norberto Alonso. Salir de la sombra del “Beto” lo llevó a irse del club; durante años oscuros en nuestro país. Corría 1978 y Sabella llegaba a Inglaterra, donde jugó en tercera división y en el Leeds de Primera.
En 1981 volvió a este suelo y desembarcó en un club que lo marcaría toda su vida: Estudiantes de La Plata, donde sería dirigido por un tal Carlos Salvador Bilardo, hasta la partida de este a la Selección nacional. Por qué “Pachorra” no compitió un lugar en el equipo argentino, se preguntarán; bueno el tema fue que, así como la sombra de Alonso limitó sus posibilidades en River, a nivel selección tuvo que ver la última época de Ricardo Bochini y el surgimiento de Diego Armando Maradona. Es de esta manera que Alejandro solo disputo 4 partidos en la mayor.
Su carrera se estiraría hasta finales de los años 80, cuando en el Irupuato de México pondría punto final a su andar como futbolista.
A partir de su retiro, no pasarían más de 2 años antes que se vuelva dupla técnica de Daniel Alberto Passarella. Juntos dirigieron al Parma de Italia, a la Selección argentina, a la Selección uruguaya, a Monterrey de México y a Corinthians de Brasil, para concluir en el 2006 en River Plate.
Luego de unos años de paz, emprendería un camino histórico como director técnico principal de Estudiantes de La Plata, en el 2009. Un equipo pincha que venía en ascenso de su nivel futbolístico y que pudo con Sabella encajar todas las piezas para conseguir la Copa Libertadores y un torneo local en 2010.

Y entonces llegaba la cúspide de su proceso, luego de un mundial 2010 con Maradona al frente del equipo y una dura derrota en cuartos de final, la selección llamaba a Alejandro Sabella para que se hiciese cargo del transitar del equipo argentino hasta el mundial de Brasil 2014. Historia que ya todos conocen.
Este tipo que, de pibe a maestro, aprendió de todos era justamente quien era observado como un profesor más allá de las líneas de cal de la cancha. Resaltando siempre al conjunto por sobre las estrellas o individualidades y la filosofía de dar más de lo que se recibe, supo contagiar a quienes lo rodearon en su carrera y eso no es para nada común en ningún ambiente.

En las trágicas inundaciones del 2013 en su querida ciudad de La Plata, decidió abrir las puertas de su casa y dar auxilio a quienes más lo necesitaban en una zona castigada por el temporal como lo fue Tolosa.
El ADN que lo llevó a una carrera maravillosa del punto de vista profesional, fue exactamente el mismo que tuvo el tipo en su cotidianidad, y eso se vió y se atesora también en la memoria colectiva de una ciudad, de un país. Que hoy te llora sí, pero que siempre guardara una mueca de sonrisa de solo pensarte Alejandro, de todas las esferas a quienes enseñaste… hasta sin querer.