Por: Redacción enAgenda
La ciudad de La Plata comenzó el año con una de sus postales más características. Durante la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1° de enero, la quema de muñecos convocó a una multitud que recorrió distintos barrios para ser parte de una celebración que combinó tradición, encuentro y fiesta popular.
Desde las primeras horas de la noche, vecinos y visitantes se acercaron a los distintos puntos donde se levantaron los muñecos. Las figuras, construidas de manera artesanal por grupos barriales, representaron personajes del deporte, la cultura y la actualidad. La espera se vivió en comunidad, con música, charlas y mesas improvisadas en plena calle.
La quema de muñecos en La Plata volvió a demostrar que es mucho más que un espectáculo. Detrás de cada figura hubo meses de trabajo colectivo y organización vecinal. Para muchos platenses, recorrer los muñecos formó parte del ritual de fin de año y reafirmó una tradición que se transmite de generación en generación.

El importante movimiento de personas obligó a realizar cortes de tránsito y operativos de seguridad en las zonas más concurridas. A pesar de la gran convocatoria, la noche transcurrió con normalidad y en un clima de celebración, donde primó el respeto y el disfrute del espacio público.
Con la llegada de la medianoche, el encendido de los muñecos marcó el momento más esperado. Aplausos, fotos y videos acompañaron cada quema, mientras los vecinos continuaron recorriendo la ciudad para llegar a los últimos puntos. La celebración se extendió hasta entrada la madrugada y transformó a La Plata en un gran escenario a cielo abierto.

De esta manera, La Plata volvió a despedir el año reafirmando una tradición que la distingue en todo el país. La quema de muñecos ratificó su vigencia y su valor cultural, consolidándose como una fiesta popular que une a los barrios y mantiene viva una de las costumbres más emblemáticas de la ciudad.