Por: Redacción enAgenda
Cada 14 de enero se celebra el llamado Año Nuevo Ortodoxo, también conocido como “Año Nuevo Viejo”, una festividad que marca el comienzo del año para millones de cristianos ortodoxos en distintos países de Europa del este. Rusia, Ucrania, Serbia, Georgia, Bielorrusia, Montenegro, Macedonia y Bosnia y Herzegovina son algunos de los territorios donde esta tradición sigue vigente.
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La celebración se explica por el uso del calendario juliano, que presenta una diferencia de 13 días con respecto al calendario gregoriano, adoptado por la mayoría de los países occidentales. Mientras el mundo despide el año el 31 de diciembre, las iglesias ortodoxas que se rigen por el calendario juliano celebran el cambio de año el 1 de enero juliano, equivalente al 14 de enero gregoriano.
Históricamente, hasta 1917 la Rusia zarista utilizaba el calendario juliano. Tras la Revolución Bolchevique, el país adoptó el calendario gregoriano en 1918 para unificar el sistema civil, aunque la Iglesia Ortodoxa se negó a modificar sus fechas litúrgicas. Desde entonces, se mantiene la celebración del llamado Año Nuevo Antiguo, una festividad religiosa no oficial pero profundamente arraigada en la tradición.
Durante esta fecha, las iglesias ortodoxas realizan extensos servicios religiosos que incluyen liturgias nocturnas, espacios de reflexión y oraciones por el año que comienza. A nivel familiar, el Año Nuevo Ortodoxo se celebra con cenas y reuniones íntimas, donde se reflexiona sobre el año que termina y se plantean nuevos propósitos.
La gastronomía ocupa un lugar central en los festejos. Entre los platos tradicionales se destacan albóndigas de carne, ensaladas de remolacha, setas en escabeche, pepinos y tomates encurtidos, además de recetas emblemáticas como la ensalada Olivier, el arenque con remolacha, pirojki rellenos y el clásico borscht. En muchos hogares, la mesa se completa con postres tradicionales y frutas como la mandarina, símbolo de celebración desde la época soviética.
En algunos países, la festividad adquiere matices particulares. En Serbia, por ejemplo, el Año Nuevo Viejo también es conocido como la “Pequeña Navidad”, ya que marca el cierre del período navideño. En Rusia, días después se celebra la Epifanía, con la tradicional inmersión en ríos y lagos helados. Así, cada 14 de enero, el Año Nuevo Ortodoxo mantiene viva una tradición que conecta historia, fe y cultura popular.