Por: Redacción EnAgenda
Cada tercer lunes de enero reaparece la misma advertencia: no es un lunes cualquiera. La fecha es conocida como el “Blue Monday”, el supuesto “día más triste del año”, una etiqueta que se instala con fuerza en redes sociales y medios.
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El concepto surgió en 2005, cuando el psicólogo británico Cliff Arnall difundió una fórmula que pretendía explicar el bajón anímico típico de esta época. Según su planteo, la combinación del clima, deudas posteriores a las fiestas, metas incumplidas y baja motivación convertía a ese lunes en el más triste del calendario.
La ecuación, [W+(D-d)] x TQ / M x NA, incluía variables como el clima (W), las deudas (D), el salario (d), el tiempo transcurrido desde Navidad (T), el tiempo desde que se intentó cumplir un objetivo (Q), la motivación (M) y la necesidad de emprender (NA). Sin embargo, desde su aparición fue cuestionada por la comunidad científica por mezclar factores incompatibles y carecer de sustento académico.
Con el paso del tiempo, el propio Arnall reconoció que la fórmula no es científica y que el concepto del Blue Monday estuvo ligado a campañas publicitarias. Incluso, en 2016 participó de una promoción turística de las islas Canarias que buscaba contrarrestar la supuesta tristeza del día.
El fenómeno tiene mayor arraigo en países de Europa y Estados Unidos, donde enero transcurre en pleno invierno, a diferencia de Argentina, que atraviesa altas temperaturas. Aun así, la idea se replica año tras año y se asocia al fin del clima festivo, el regreso a las obligaciones y la dificultad de sostener los propósitos de inicio de año.
Más allá de la etiqueta, especialistas coinciden en que no existe un día objetivamente más triste que otro. Frente a eso, cada enero se multiplican las propuestas en redes para atravesar la jornada de la mejor manera posible: reunirse con amigos o familia, leer, ir al cine o simplemente hacer planes que ayuden a cortar con la rutina y levantar el ánimo.