lunes 23 de febrero de 2026 - Edición Nº2637

Industria | 23 feb 2026

China trae problemas

alerta en la industria: la competencia china avanza y amenaza el empleo automotriz

El avance de fabricantes chinos en el mercado regional y el esquema industrial podría afectar a la producción y las autopartistas locales de Argentina y Brasil.


Por: redacción enAgenda

El cierre de la planta de neumáticos de Fate en Virreyes, que dejó sin empleo a 920 trabajadores, expuso una problemática estructural que atraviesa a toda la industria automotriz argentina: la creciente competencia de fabricantes chinos y las dificultades del sector local para sostener su competitividad.


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Si bien la crisis de Fate responde a múltiples factores, entre ellos conflictos sindicales, restricciones previas a las importaciones, pérdida de mercados de exportación y caída de la demanda local, la imposibilidad de competir en costos con los fabricantes asiáticos aparece como el factor decisivo detrás de la decisión empresarial de cesar sus operaciones.

La situación no es aislada. El sector automotriz en su conjunto enfrenta un escenario similar, con costos impositivos elevados, dificultades estructurales y una creciente presión externa. En ese contexto, marcas chinas como BYD, Great Wall y Chery ya comenzaron a fabricar vehículos en Brasil, con el objetivo de abastecer el mercado regional y eventualmente exportar a la Argentina sin aranceles, aprovechando el acuerdo comercial vigente entre ambos países.

Este escenario genera preocupación entre los fabricantes tradicionales, que advierten sobre una competencia desigual si las nuevas empresas operan bajo esquemas de ensamblado con baja integración de componentes locales. Los sistemas conocidos como SKD y CKD permiten importar la mayor parte de las piezas y realizar solo el ensamblado final, lo que reduce significativamente los costos de inversión y mano de obra, pero también limita el desarrollo de proveedores locales.

Para que un vehículo sea considerado “Mercosur” y pueda exportarse sin aranceles entre Argentina y Brasil, debe tener un 50% de contenido regional. Sin embargo, debido a la forma en que se calcula ese porcentaje, incluyendo costos indirectos y margen del fabricante, el contenido real de autopartes locales puede ser apenas del 10%.

Este esquema genera una ventaja significativa para las automotrices que ensamblan vehículos con componentes importados, lo que podría debilitar a la industria autopartista argentina, uno de los sectores clave en la cadena de valor automotriz.

El avance de las marcas chinas se produce en paralelo a un proceso de reconversión industrial en la Argentina, donde varias terminales están discontinuando modelos e iniciando nuevos proyectos orientados a mercados de exportación. Sin embargo, el ingreso de vehículos ensamblados con baja integración local podría afectar la sustentabilidad de estos programas.

El impacto potencial no se limita a las terminales automotrices. La industria autopartista, que depende de la producción local, podría verse especialmente afectada si las nuevas plantas operan con componentes mayoritariamente importados. En ese caso, el desarrollo industrial podría convertirse en una amenaza para el empleo en lugar de una oportunidad.

El cierre de Fate, en este contexto, aparece como un síntoma de una transformación más profunda. La industria automotriz regional atraviesa una etapa de transición marcada por la globalización, la competencia internacional y cambios en los modelos productivos. El desafío para la Argentina será encontrar un equilibrio entre atraer inversiones, sostener el empleo y preservar su entramado industrial frente a un nuevo escenario global.

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