La música argentina amaneció con una noticia que golpea de lleno al rock nacional: murió Daniel Oscar Buira, primer baterista de Los Piojos, a los 54 años, tras sufrir una descompensación en la madrugada de este sábado.
El hecho ocurrió en la escuela de percusión La Chilinga, fundada por el propio músico en 1995 y ubicada en Ciudad Jardín, lindante a El Palomar, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Según fuentes policiales, Buira se encontraba en un patio interno cuando comenzó a sentirse mal y pidió ayuda al manifestar que no podía respirar.
Un vecino intentó asistirlo, pero el cuadro se agravó rápidamente: el baterista se descompensó, perdió el conocimiento y falleció en el lugar. Minutos después, personal del SAME constató la muerte sin posibilidad de reanimación.
La causa quedó en manos de la UFI N°8 de Morón, que investiga las circunstancias del fallecimiento bajo la carátula de averiguación de causales de muerte. Si bien familiares indicaron que Buira padecía asma, los investigadores buscan descartar la intervención de terceros. En ese marco, se analizan cámaras de seguridad externas, ya que el establecimiento no cuenta con registros en su interior.
Buira fue una pieza clave en los inicios de Los Piojos, banda que ayudó a fundar a fines de los años 80 en Ciudad Jardín. Su impronta fue determinante en la construcción del sonido inicial del grupo, al incorporar ritmos rioplatenses como la murga y el candombe.
Durante su etapa en la banda, compartió composiciones con Andrés Ciro Martínez, como “Te diría” y “Cancheros”, y participó en discos fundamentales como Chactuchac (1992), Ay ay ay (1994) y Azul (1998). Su salida se produjo en el año 2000, tras la publicación del álbum en vivo Ritual (1999), luego de un conflicto interno.
Aun así, su huella en la banda se mantuvo vigente, incluso con la inclusión de composiciones suyas en trabajos posteriores como Máquina de sangre (2003).
Más allá de su paso por el grupo, Buira desarrolló una extensa carrera como músico y docente. Su proyecto La Chilinga se consolidó como una referencia en la enseñanza de percusión, con más de 900 alumnos, decenas de docentes y sedes en distintos puntos del país. Además, editó discos y colaboró con artistas como Mercedes Sosa, Fito Páez y Calle 13.
En los últimos años, también había vuelto a compartir escenario con Los Piojos en el marco del esperado regreso de la banda en diciembre de 2024, tras más de una década de ausencia. Allí retomó su lugar en la batería durante los primeros tramos de los shows, en una serie de conciertos que convocaron a miles de fanáticos en todo el país.
Su muerte deja un vacío en la historia del rock argentino, no solo por su aporte musical sino también por su trabajo formativo y su influencia en nuevas generaciones de percusionistas.