Por: Redacción EnAgenda
El Gobierno nacional resolvió suspender la actualización del impuesto a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono prevista para abril, en una medida orientada a contener el impacto de la suba internacional del petróleo en los precios locales.
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La decisión se da en un contexto de fuerte volatilidad global, impulsada por el conflicto en Medio Oriente y su efecto sobre el valor del barril.
Según explicaron desde el Ejecutivo, la postergación busca evitar un traslado directo a los surtidores en un escenario donde la nafta y el gasoil ya registraron aumentos cercanos al 15% en el último mes. El esquema vigente contemplaba ajustes trimestrales atados a la inflación, pero viene siendo aplicado de manera parcial desde hace varios períodos.
En paralelo, la Secretaría de Energía avanzó con una flexibilización técnica que permitirá incrementar el uso de bioetanol en las naftas. A partir de la Resolución 79/2026, las refinadoras podrán elevar de forma voluntaria la proporción de este componente hasta un 15%, lo que reduce la dependencia del petróleo en la mezcla final.
La medida no modifica el corte obligatorio ni impone cambios en la calidad del combustible, sino que amplía el margen de maniobra para las empresas. De esta manera, se busca amortiguar posibles subas en los precios sin afectar el funcionamiento de los motores.
En términos fiscales, la suspensión de actualizaciones del impuesto ya implicó una resignación de ingresos millonaria para el Estado en los últimos años. Sin embargo, el Gobierno prioriza en esta etapa sostener cierta estabilidad en los precios de los combustibles, un insumo clave para la economía.
Con estas decisiones, el Ejecutivo intenta dar previsibilidad al mercado energético en un contexto internacional incierto, combinando herramientas impositivas y regulatorias para moderar el impacto en el bolsillo de los consumidores.
El bioetanol es un alcohol de origen vegetal que se produce a partir de materias primas como maíz o caña de azúcar. Se utiliza como aditivo en las naftas para reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar ciertas propiedades del combustible, como el octanaje.
Uno de los principales beneficios es que eleva el octanaje de la nafta, lo que mejora la calidad de la combustión y reduce la posibilidad de detonaciones en el motor. Además, al ser un combustible renovable, contribuye a disminuir las emisiones contaminantes y la huella de carbono.
En autos modernos, los sistemas electrónicos de inyección pueden adaptarse automáticamente a mezclas con mayor proporción de etanol, ajustando parámetros como el encendido y la inyección de combustible sin intervención del usuario.
El punto negativo es su menor capacidad energética respecto a la nafta pura. Esto significa que, aunque el combustible sea de mejor calidad, el motor necesita quemar una mayor cantidad para generar la misma energía.
Según especialistas, esto puede traducirse en un aumento del consumo de entre un 5% y un 10% en condiciones normales de uso. En trayectos cotidianos, la diferencia podría ser perceptible, aunque no significativa.
Si bien no hay riesgos para vehículos actuales, en autos más viejos el bioetanol puede generar un desgaste más rápido en componentes como mangueras o sellos, debido a su mayor poder solvente. Estos sistemas no fueron diseñados para este tipo de mezclas, por lo que podrían requerir mantenimiento adicional.
En síntesis, el mayor uso de bioetanol no implica un problema mecánico para la mayoría del parque automotor, pero sí plantea un equilibrio entre menor costo por litro y mayor consumo de combustible.