Por: Ramiro Florio
La inundación del 2 de abril de 2013 en La Plata no fue un hecho aislado, sino el resultado de una sucesión de eventos que se desencadenaron en pocas horas y tomaron por sorpresa a toda la ciudad. A continuación, la cronología de una de las mayores tragedias climáticas de la historia argentina.
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El fin de semana largo de Semana Santa transcurría con normalidad. Entre el jueves y viernes santo, el domingo de Pascuas y los feriados del 1 y 2 de abril, muchos aprovecharon para viajar o descansar. Mientras tanto, desde el domingo 31 comenzó a gestarse un fenómeno meteorológico conocido como “gota fría”, producto del choque entre masas de aire frío y caliente, que generó condiciones propicias para tormentas severas.
El lunes 1 de abril el sistema avanzó lentamente hacia el centro-este del país, pero sin alertas claras para la población. La falta de un sistema de detección adecuado impidió anticipar la magnitud de lo que ocurriría. Recién el martes 2 por la tarde, al llegar al Río de la Plata, comenzaron las precipitaciones intensas.

Las inundaciones también afectaron a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 2 de abril de 2013.
Durante la mañana y el mediodía del martes, el clima era inestable pero sin señales de alarma. Incluso, muchos vecinos seguían por televisión las inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires, sin imaginar que horas después vivirían una situación aún más grave.
Entre las 16 y las 16:30 comenzaron las primeras lluvias en La Plata. Lo que inicialmente fue una llovizna se transformó rápidamente en una tormenta intensa, con ráfagas de viento, granizo y una caída de agua constante y cada vez más violenta. En pocos minutos, las calles comenzaron a anegarse.
Entre las 17 y las 18, la situación se agravó. La lluvia caía de manera intermitente pero con picos de extrema intensidad. En barrios como Ringuelet y Tolosa, el agua comenzó a ingresar en viviendas y talleres. Los vecinos intentaban salvar pertenencias mientras el nivel subía de forma acelerada.

Un vecino de la ciudad de La Plata mostrando la marca que alcanzó el agua en su hogar.
Cerca de las 18, el colapso del sistema pluvial agravó el escenario: el agua comenzó a brotar desde el suelo en algunos sectores, generando un aumento repentino del nivel. En cuestión de minutos, muchas zonas pasaron de estar anegadas a completamente inundadas, sin posibilidad de reacción.
Entre las 20 y las 22 se alcanzó el pico de la inundación. En distintos puntos de la ciudad, el agua superó ampliamente el metro de altura, llegando incluso a los dos metros en zonas críticas como Los Hornos. Familias enteras debieron refugiarse en plantas altas o techos, mientras sus casas quedaban completamente bajo el agua.
Aunque la lluvia comenzó a cesar durante la noche, el agua no bajó de inmediato. Durante la madrugada y la mañana del miércoles 3 de abril, gran parte de la ciudad continuaba bajo el agua, dificultando cualquier tipo de asistencia o evaluación de daños.

Con la salida del sol, la magnitud de la tragedia se hizo evidente: viviendas destruidas, autos arrastrados, comercios arruinados y barrios enteros cubiertos de barro. Muchos vecinos encontraron sus pertenencias inutilizables y comenzaron lentamente las tareas de limpieza y reconstrucción.
A más de una década, la inundación sigue presente en la memoria colectiva de La Plata. Cada alerta meteorológica revive el temor de que una tragedia similar pueda repetirse pese a las obras hidráulicas realizadas desde entonces.