sábado 25 de septiembre de 2021 - Edición Nº1025

Opinión | 15 ago 2021

juventud

Bueno, vamo a jugar


Por: Camila Flores

“La mejor etapa” en general es contada por los demás. Es decir, uno entra en una franja etaria que no reconoce con exactitud cuándo termina, y desde ahí comienzan las mil y una frases sobre lo que significa ser, en ese tiempo.

Por un lado, están los consejos de algunos familiares, amigos, no tan amigos, gente desconocida y más. Algunos los tomas, otros realmente no los terminas de entender, pero con seguridad, la mayoría vienen empaquetados con un envoltorio de épica y la tarjeta de “lección de vida”. Como si te marcaran un camino que vos, sinceramente, ni idea.

Por otro, varias de las cosas que te marcan te molestan, e intentas defenderte. Sentar postura, porque te transmitieron también que la idea de este momento es que seas rebelde, que luches por lo que queres y que no te dejes doblegar. Que, aunque te parezca lo más loco e imposible es justamente porque es racional y posible.

No sé, a veces ni ganas ¿no?

Como olvidarse de todas las decisiones que se supone te corresponden tomar y que tienen su gran frutilla del postre: construyen tu futuro. Y ahí la seguridad que siempre tuvieron todos los que hablan de como tenías y debías ser, te corresponde a vos. Aunque no la quieras, se terminó la joda.

De alguna forma siempre somos contados por los demás. Ahora, lejos de que la frase suene muy profunda y analítica, realmente tras la palabra “joven” a veces se encasilla lo peor y lo mejor, las perdidas y las ganancias, las desilusiones y las esperanzas. Sin lugar para grises, siempre una cuestión de crítica y opinión, donde al hacer, poco lugar se le encuentra.

Todos los que dicen y “saben” porque “la vivieron”, en algún momento pasaron por LA etapa y eso de alguna manera te hace creer que va a llegar el punto culmine evolutivo donde te caerá un rayo de sabiduría y adultez, y vas a completar el nivel experto.

Sin embargo, como nunca supiste donde termina esa divina franja etaria a la que solo te avisaron cuando ingresaste, creo que tampoco sentís nunca que salgas de ella. Obviamente, las secuencias cambian, las obligaciones son distintas, y un etcétera enorme de cosas que ya sabemos, completan lo que intento decir y espero se comprenda. Pero con más o menos presiones, no terminas de salir. Es decir, hasta que llegue alguien más chico y te diga que estas re viejo o vieja, no vas a estar afuera.

No es un deseo de no crecimiento, de infantilidad o inmadurez, que tantas veces se nos ha hecho cargo de quererlo con categorías despectivas como “vagos y vagas”. Ni siquiera es un capricho, sino una convicción.

Si ser joven es defender lo que uno piensa y sentar postura, una edad distinta no te va a sacar del cupo. Dudar, decidir y elegir en base a lo que crees que te conviene, darte cuenta que no era por ahí y volver a jugar. Darse la cabeza contra la pared y después ganar. Sufrir las perdidas y festejar las buenas por mínimas que sean para los demás, pero gigantes que sean para vos.

Ser jóvenes, no nos convierte en un rol permanente de rebeldía e inmadurez, sino en una infinita posibilidad, de ser mejores.

 

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