miércoles 28 de julio de 2021 - Edición Nº966

Opinión | 26 jun 2021

Las vacunas, un laberinto de la gestión


Por: Santiago Santos

Desde el infortunio presidencial sobre razas, canciones y madres patrias se notó la injerencia de la nueva “mesa comunicacional” de la Casa Rosada. Y es que desde las oficinas conjuntas a las de Alberto Fernández ya era charla concurrente la necesidad de contener la verborragia del primer mandatario, o al menos de pincelar algunos criterios que ordenen y robustezcan la figura del presidente.

Si bien en las últimas semanas volvió a caer la aceptación del gobierno en las encuestas -poco probable que esté directamente asociado a las declaraciones oficiales- el gobierno sostiene un nivel de imagen incluso inesperado hace algunos meses y en medio de una segunda ola agigantada por la recisión económica.

Desde la Rosada ya definieron la estrategia para la campaña legislativa: sobriedad comunicacional, robustecer la unidad que devolvió al peronismo al gobierno, e hincapié en obras públicas.

La correa corta sobre el presidente y una calma sostenida en los principales referentes políticos de la coalición sostienen el primer eje.

Sobre la unidad, podemos decir que, como alguien alguna vez dijo sobre el matrimonio, se reafirma todos los días. Parece ser uno de los baluartes más importantes del oficialismo. El que le devolvió el sillón de Rivadavia y, para el distrito que se lleva todas las miradas, una protogarantía de victoria. Si nada hace temblar demasiado fuerte los cimientos de la coalición, la victoria en la primera y tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires está casi garantizada, y con algunos destellos más, el Frente de Todos se puede llevar una victoria en la que incluso algunos propios no creen.

En lo que respecta a la gestión la orden ya se bajó a los jefes comunales. De acá a noviembre el eje de los gobiernos nacional y provincial será un clásico de años de elecciones de medio término, reactivación por inyección en obra pública. Por eso vemos al ministro estrella, Gabriel Katopodis, de gira por todos los cordones del conurbano vistos y por ver. El discurso intentará centrarse en el trabajo y a la producción, porque lo que más necesita este gobierno es retomar la agenda de la esperanza. Si no es la garantía del asado de los domingos, que al menos sus votantes -que no es menor resaltar que fueron casi la mitad del país- vuelvan a creer que ya se llegó al piso y que a partir de ahora todo es para arriba.

Incluso dejaron que la oposición tome la agenda de la danza de los nombres -que se baila bastante agitada en las filas de JxC- y calman las aguas ante las preguntas de quien será quien encabece la lista a poco menos de un mes de la fecha límite. Tolosa Paz, Scioli, Volnovich, Raverta, nombres hay, pero no desesperan.

Otro punto ineludible en esta campaña será el manejo de la pandemia, y en particular las vacunas. Eje que insólitamente instaló y tomó como bandera la oposición, con la certeza de que antes o después las vacunas iban a llegar, y que la maniobra sobre la marcha para reorientar los cañones podía incluso terminar con un cañonazo en el pie de algún vocero opositor.

Las vacunas llegan, y a montones, y seguramente en las próximas semanas el ritmo se acelerará, con vaivenes, primeras o segundas dosis, pero vacunas habrá. ¿Ahí se termina el tema? Difícilmente. Con la mayor de las humildades, este redactor cree que sentarse sobre millones de dosis desde Ezeiza puede ser uno de los mayores errores del gobierno de cara a unas elecciones que no gana desde la “interna abierta” que tuvieron CFK y Chiche Duhalde en 2005.

Ya dijimos que vacunas hay, y habrá más, incluso algunos podrán sorprenderse si en un tiempo la tarea de la campaña de vacunación pase a ser convencer a los que no quieran vacunarse ¿Cuál es entonces el problema para el gobierno? La confianza. Desde algunos sectores insisten en poner el foco discursivo en el éxito de la campaña de vacunación y de la gestión de vacunas, y aquí el peligro es pecar de salvadores mesiánicos.

El fenómeno que las sociedades modernas se dan para con los gobiernos del mundo, y en particular ante la pandemia de Covid-19, es de demanda y de cumplimiento gubernamental de tareas básicas: una de ellas la inmunización.

Es decir que es probable que el gobierno este atrapado en un laberinto de la gestión: si no garantiza un proceso de vacunación exitoso será un costo; si lo hace no mejorará significativamente la percepción de la sociedad sobre su gestión, porque al fin y al cabo esa era la tarea de quien eligió cuidar la vida antes que la economía.

¿Qué le queda entonces? Vacunar, vacunar y vacunar, y devolver el optimismo y la esperanza -como ya mencionamos-. ¿La mejor manera de hacerlo en Argentina? Optimizar los ingresos de los votantes, frenar la inflación, y garantizar inversiones en vez de pronosticar lluvia de ellas. Tarea difícil y tiempo corto, pero el peronismo se ha encontrado con estos desafíos más de una vez. Resta saber si el Frente de Todos sacará a relucir sus animus peronistas, o prevalecerán los otros.

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