Por: Redacción enAgenda
La crisis política que atraviesa la FIFA sumó un nuevo capítulo este viernes luego de que Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores del presidente Gianni Infantino, presentara su renuncia con una carta pública en la que criticó duramente el plan para vender participaciones de los derechos comerciales de las Copas del Mundo a inversores privados.
El exdirigente estadounidense aseguró que no fue parte de la iniciativa y dejó en claro su postura: "Como asesor principal del presidente de la FIFA, exbanquero y aficionado al fútbol de toda la vida, no puedo quedarme de brazos cruzados mientras la FIFA considera vender una participación en la Copa Mundial. Quiero dejarlo claro: no tuve ninguna participación en esta propuesta y me opongo a ella de forma inequívoca. Es un mal acuerdo para las federaciones miembro de la FIFA, un mal acuerdo para el fútbol y un mal acuerdo para el futuro a largo plazo de este deporte".

La salida de Cordeiro representa un fuerte golpe político para Infantino. Desde 2021 se desempeñaba como Asesor Principal para Estrategia y Gobernanza Global y era uno de los hombres de mayor confianza dentro de la estructura de la FIFA. Incluso había acompañado al dirigente suizo en reuniones oficiales en la Casa Blanca junto al presidente estadounidense Donald Trump durante los preparativos del Mundial 2026.
En su carta, Cordeiro explicó que la FIFA no necesita desprenderse de uno de sus activos más valiosos porque cuenta con una sólida situación financiera.
"El fútbol ha sido fundamental en mi vida y, tras más de 35 años en el sector bancario, comprendo tanto el valor de este activo como las consecuencias de ceder parte del mismo. Por eso debe rechazarse esta propuesta", sostuvo.
Luego profundizó sus cuestionamientos al proyecto impulsado por Infantino.
"La FIFA ya tiene acceso a unos recursos financieros extraordinarios. La organización cuenta con miles de millones de dólares en reservas y no tiene deuda alguna. El propio presidente de la FIFA ha destacado los 15.000 millones de dólares de ingresos generados entre 2022 y 2026. Si las federaciones miembro consideran que se necesita una inversión adicional para desarrollar este deporte, la FIFA ya tiene la capacidad financiera para proporcionar ese apoyo a partir de sus recursos actuales. En este contexto, vender una participación permanente en el activo más valioso del fútbol para recaudar 4.2 mil millones de dólares no tiene mucho sentido. Es hipotecar el futuro del fútbol sin ninguna justificación convincente".
Además, defendió el trabajo realizado por la organización durante los últimos años y rechazó la necesidad de incorporar capitales privados.
"Ese éxito económico no fue casual. Lo lograron profesionales del fútbol con amplia experiencia que batieron los récords comerciales de la FIFA. Sin embargo, a pesar de esos logros, ahora se le pide a la FIFA que crea que se necesitan inversores externos para generar un mayor valor. No acepto esa propuesta. Las personas que construyeron este éxito ya han demostrado que la FIFA cuenta con la experiencia necesaria para seguir haciendo crecer tanto el deporte como su futuro comercial".
En otro de los pasajes más contundentes de su renuncia, el exasesor cuestionó la falta de transparencia en torno a la iniciativa.
"Lo más preocupante de todo es la falta de respuestas a preguntas fundamentales. ¿Por qué este acuerdo? ¿Por qué ahora? ¿Qué mecanismos de supervisión existen? ¿Quién se beneficia? ¿Hubo un proceso competitivo? ¿Qué sistema de gobernanza se establecerá? ¿Qué obtendrán en última instancia los inversores y a qué coste para el fútbol?", escribió.
También advirtió que las federaciones nacionales tendrían apenas unas semanas para tomar una decisión de enorme impacto.
"Sin embargo, se pide a las federaciones miembro que tomen una decisión de enormes consecuencias en apenas 50 días o se arriesguen a quedarse atrás. Esa no es una forma responsable de determinar el futuro del fútbol mundial".
Mientras tanto, la FIFA confirmó que continuará impulsando la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), la nueva empresa que administraría los derechos comerciales y de eventos para atraer inversores privados.
La iniciativa ya despertó el rechazo de la UEFA y de la Concacaf, lo que profundiza una crisis institucional que podría marcar el futuro del organismo y de la organización de los próximos Mundiales.