sábado 25 de septiembre de 2021 - Edición Nº1025

Opinión | 3 ago 2021

adiós

Honrar, estudiar y trabajar: Las máximas que nos deja Scola


Por: Juan Milito

Luis Scola acaba de jugar su último partido como jugador de la Selección Argentina de Básquet, terminando un ciclo increíble. Y el adjetivo increíble no está a la ligera, es el que mejor le sienta al Gran Capitán. Dos décadas en la elite absoluta, un oro olímpico en Atenas 2004 (derrotando al Dream Team), Oro Panamericano en Lima 2019, dos subcampeonatos del mundo en 2002 y 2019, campeón de América en 2001 y 2011, bronce olímpico en londres 2012, completando 5 participaciones en la máxima cita con Río 2016 y Tokio 2020.

Y en este párrafo nos estamos limitando a la selección mayor.

Luis Scola es además un ejemplo de adaptación permanente, durante toda su carrera se destacó por su juego en la pintura, de espaldas al aro, pero  entendió como nadie el cambio en el juego y en sus últimas temporadas en la NBA, apostó por desarrollar otras herramientas, como el tiro de tres puntos o movimientos propios de un perimetral, para serle útil a una generación no solo como líder experimentado sino como alguien capaz de traer soluciones en el juego. Y vaya si lo hizo, trabajando de manera individual en el ocaso de sus treintas para completar la metamorfosis y seguir haciendo hazañas un rato más.

Me agarro de estos datos para tratar de tener un relato coherente, pero la verdad es que reducir a Scola a un gran jugador de baloncesto es injusto. para los millennials que no vimos a Diego Armando Maradona en vivo, que escuchábamos relatos de hazañas deportivas que inyectaban orgullo a una sociedad casi siempre golpeada y veíamos intentos y frustraciones en casi todas las disciplinas, encontramos en la Selección Argentina de básquet un oasis de mitología del que nos podíamos agarrar.

En 2002 le ganaron al mejor equipo del mundo en su propia casa, en 2004 ¡Lo hicieron de vuelta! además de ganarle al local y de vengarse de Yugoslavia, devenida en Serbia y Montenegro, que les había quitado el Oro un par de años atrás. En 2006 estuvieron a un rebote caprichoso de jugar una nueva final, 2008 Bronce, sin el mejor jugador -Emanuel David Ginóbili- disponible para los partidos definitorios, 2010, quinto puesto, 2011, campeón de América en casa, con dos partidos épicos en semifinales y finales ante Puerto Rico y Brasil respectivamente, en el que Scola fue destacado como jugador más valioso del torneo, cuarto puesto en Londres 2012, en lo que parecía la despedida de aquel grupo, le erramos por nueve años.

Perdón, nuevamente me agarro de los datos, Luis Scola es más que eso, vamos con un nuevo intento. En 2014, en una crisis profunda de la Confederación Argentina de Baloncesto, por la que sus directivos están siendo juzgados actualmente, Scola fue la cara visible de un grupo de jugadores que enfrentó a esa dirigencia, amenazando con no jugar el mundial de España 2014. "Hay que luchar por transparencia, pero si esto se convierte en un circo, no podré jugar más. No podré ser cómplice" declaró el capitán.

Más allá de sus declaraciones públicas como referente, también colaboraba constantemente lejos de las cámaras para el crecimiento del básquet nacional, nutriendo de conocimientos a entrenadores y dirigentes que replicaban sus palabras y, por mencionar un ejemplo, llevando la metodología de trabajo de la NBA, primero a la selección mayor y reproduciendo desde ésta a muchísimos clubes de barrio del país, mediante a interlocutores que llevaban la información caliente del capitán a cada cancha de la nación.

Esa generosidad invisible la veremos en un par de años. Pero vuelvo a hoy, me hago el boludo porque, como a todas y todos, tengo la piel de Gallina, y esto ya no es por Scola, es por lo que nos generó durante veinte años. La seguridad de salir a ganar y sentir que le podían -podíamos- ganar a cualquiera, pero también la tranquilidad para entender los procesos en la derrota, para analizar y crecer desde ahí.

Con Scola se retira el último héroe de una generación que no solo nos mostró que lo imposible se podía alcanzar, sino que también nos mostró cómo hacerlo: Trabajando y estudiando, adaptándose continuamente.

Y el último acto del Gran Capitán fue asegurarse de que este método perdure en las generaciones venideras de la selección nacional.

Sergio Hernandez, entrenador de la selección dijo hoy, luego del partido “Lo que me enseñó Scola es que ganar es chiquito. Lo importante es honrar cada segundo lo que vos haces en la vida”

Esa es la gran enseñanza de Luis Aberto Scola.

Gracias por cada alegría, por cada bronca, por cada grito ahogado en las madrugadas de la selección, por cada trasnochada adolescente para ver a los Rokets, los Suns, los Pacers, o donde sea que estuvieras, tachando los días para volver a verte con la selección. 

Y gracias, por enseñarle a una generación, que se le podía ganar a cualquiera. No solo en básquet, sino en cualquier cosa. Y que, la única manera de hacerlo, es honrando lo que uno hace.

Gracias Luis.

 

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