domingo 28 de noviembre de 2021 - Edición Nº1089

Opinión | 17 oct 2021

Economía/Análisis

Un pacto social para vivir


Por: Kevin Castillo

La situación económica que atraviesa el país hace ya varios años, en donde prácticamente ningún actor vinculado a lo productivo sale ganando, obliga a repensar la dirección de las políticas macroeconómicas y buscar un pacto social claro en donde se establezcan las pautas de hacia dónde queremos ir. El caos, la ausencia de planificación y falta de acuerdos parece no servirle a casi nadie.

El pasado jueves el INDEC sorprendió al anunciar la cifra de la inflación para el mes de septiembre, 3,5%. El crecimiento de los precios venía experimentando una tendencia a la baja de 5 meses seguidos, sin embargo, con estos últimos resultados nuevamente se prendieron las alarmas respecto a la escalada inflacionaria vivida este año.

Estos importantes aumentos de los precios se dan en un contexto de fuerte tensión hacia el interior del gobierno nacional que, luego de perder las PASO, se debatió públicamente sobre si debía aumentar el gasto público con vías a revertir, aunque sea parcialmente el malestar social generado producto de un año y medio de pandemia y varios años de recesión económica.

Finalmente, en las últimas semanas, el gobierno ha optado por realizar algunos anuncios importantes que inyectan dinero en distintos sectores de la población a través de elevar el salario mínimo, el aumento del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, el proyecto para “convertir planes sociales en trabajo”. De esta forma, se podría decir que ganó la orientación no fiscalista de la coalición de gobierno. A mi entender, se planteó desde el inicio una falsa dicotomía entre fiscalistas y no fiscalistas. El gasto publico real creció con respecto a 2020, después podemos ver hacia donde fue.

No obstante, estas medidas que buscaban dar algunas reivindicaciones a sectores descontentos han tenido también la respuesta en los aumentos de precios y presiones al dólar, que su baja cotización genera desconfianza en lugar de anclar los precios mayoristas.

Es decir, en el contexto actual con una economía en crecimiento, pero con tensiones distributivas, salariales, fiscales, de precios y de oferta de dólares, la ecuación para mejorar alguna de estas variables no es tan sencilla. Estamos en una economía fuertemente condicionada por múltiples factores lo cual hace que hoy no se pueda pensar en, por ejemplo, subir salarios, bajar inflación y hacer crecer a la economía al mismo tiempo. Ese es el trilema de Fernández, el cual construimos junto a Federico Machado y Nicolas Monzón, del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional (OPEN).

En este contexto, los tres escenarios del trilema de Fernández son:

  1. subir salarios y hacer crecer el producto, pero la inflación no bajará, y depende de cómo evolucionen la carrera entre precios y salarios se verá si estos últimos crecieron en términos reales, el indicador más importante.
  2. subir salarios y reducir la inflación, pero con costos en la actividad.
  3. reducir la inflación, pero a costa de los salarios y de una desaceleración del crecimiento, inviable políticamente.

El primer escenario, sobre el cual pareciera que el gobierno ha decidido pararse, prevé un crecimiento nominal en los ingresos debido a políticas que mejoren el salario disponible, como las que mencione anteriormente. Esto requiere una profundización del déficit fiscal, emisión y/o toma de deuda. Claramente una mejora en los salarios dinamizará la economía, pero también habrá un crecimiento de los precios (como venimos observando) por el aumento del déficit y emisión, los cuales forman expectativas inflacionarias. Por otro lado, hay que estar atentos a la evolución de la balanza comercial con el exterior dado que las importaciones van a crecer, complicando el superávit comercial obtenido.

El segundo escenario supone un doble esfuerzo del gobierno. Generar políticas de incremento de ingresos, pero pagar también una tasa más alta para bonos y letras para esterilizar el exceso de pesos en la economía y así reducir las expectativas inflacionarias. De esta forma es más probable que el salario crezca en términos reales. Sin embargo, subir la tasa de interés impactará en la actividad económica, como así también generará una presión fiscal sobre el Estado difícil de sostener. El esquema de endeudamiento que profundiza el déficit cuasi fiscal tendría serios parecidos con el desarrollado por el gobierno macrista.

La tercera opción, sostengo inviable políticamente, es que el gobierno baje el acelerador a las políticas de ingreso como así también reduzca la tasa de interés. El efecto combinado de estas dos medidas generará una desaceleración del crecimiento del producto, pero reducirá la inflación. Por otro lado, se reduciría el déficit fiscal y se mejoraría la balanza comercial. Sin embargo, con nuestra historia reciente de persistente reducción del poder adquisitivo de los trabajadores, esta alternativa se encuentra claramente descartada.

Los 3 escenarios planteados sirven para pensar la economía en el corto plazo. Sin embargo, es muy claro que nuestro país necesita para el mediano plazo la construcción de consenso para generar algo de armonía en una economía caótica y divergente. Una vez superada la instancia de las elecciones generales de noviembre, será necesario proyectar la economía con un mayor horizonte temporal, sino se corre el riesgo de vivir improvisando, sobre todo si no hay una predilección por la planificación. En varias ocasiones Cristina Fernández de Kirchner ha hablado y reforzado la idea sobre la cual la política no debe desorganizar la vida de la gente ni la vida en sociedad. Esta premisa, infravalorada por muchos, debería ser la que guie el accionar de todo gobierno popular.

 

* Director del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional (OPEN)

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