miércoles 06 de julio de 2022 - Edición Nº1309

Opinión | 14 may 2022

rincón literario

Quiero ver

Esta semana nos adentraremos de lleno en el terror, cuando ayudar no sale como se espera


Por: Marcelo Lescano

En uno de esos días en que él agarraba por el camino más corto a su casa, se topó con algo que llamo su atención. Una casa, con la puerta abierta, de la que salían gritos. David, nuestro protagonista, no dudo y se adentró para brindar socorro. Una vez dentro los gritos cesaron. Extrañado y atemorizado se dispuso a salir de la vivienda. La noche cayó y nuestro personaje seguía intentando abrir la puerta. El reloj marcó las doce, la madrugada ya estaba presente en la casa. Sin renunciar a su escape David probó con abrir las ventanas. La anteúltima parecía haber sido forzada, pero ni con ese registro previo dio con su libertad. Un escalofrío le bajó por la espalda al escuchar la puerta abrirse. Hubiera corrido con todas sus ganas hacia su libertad, de no ser porqué escuchó unos pasos. Atinó a esconderse detrás de unas cortinas. Los pasos llegaron donde él y ahora sí, David, unas cortinas que hacían de intermediarias, y quién sabe qué. Nuestro protagonista no lo pensó dos veces y se abalanzó contra quien estuviera del otro lado. Pero no consiguió más que dar de lleno contra el suelo, lastimándose la rodilla. Se levantó con la reserva de fuerzas que le quedaban y emprendió una carrera hacia la salida. Una vez llega a la puerta logra abrirla y siente que sus pulmones vuelven a funcionar. Pero, aunque siente que está bien se da cuenta que sigue dentro del edificio, todavía no traspaso el umbral de la puerta, todavía es preso de la incertidumbre. ¿Por qué no sale? ¿Qué lo priva de sus funciones motrices? ¿Todavía tiene piernas? Las preguntas cesan cuando siente como un dedo, índice para ser más precisos, le juguetea en su oreja izquierda. Su corazón late con menos fuerza y su respiración va en aumento. El dedo dejó a su oreja en paz, tiene nuevo objetivo, su mandíbula. Como si de amantes se tratara guía la cabeza de David de forma tal que su cuerpo le dé la espalda a la puerta. Nuestro personaje, preso de sí, solo alcanza a llorar adivinando cuál sería su final.

“vamos, vamos, no te podés mover, pero tus ojitos, si, tus ojitos si, podes abrirlos” le dice la voz. “vamos David, mírame, es de mala educación no mirar a las personas”” no hagas que te los abra, hace tanto que no lo hago, podría lastimarte”. Nuestro David abrió los ojos solo para encontrarse a un señor, de aspecto escuálido, con barba y semi desnudo. Viendo más de lleno noto que le faltaban ojos, la mejilla izquierda derecha le fue arrancada y tenía pelo pegado con cinta.

 “solo quiero tus ojos David, quiero ver, déjame ver David” repetía el hombre, aumentando el tono de su voz y dejando a entender que estaba molesto. Corrió en dirección a David y con el filo de sus uñas consiguió hacerse de sus ojos. Finalmente, el viejo se dirigió a la puerta y antes de despedirse del moribundo David le dijo “si quieres ojos, solo grita”.

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