Por: Magdalena Ferreira
Los dos primeros días de noviembre en México se lleva adelante la celebración del Día de los Muertos, se trata de una tradición que trasciende al tiempo, incluso, sus orígenes se remontan a la época prehispánica donde los habitantes del actual México homenajeaban a sus muertos, el primero de noviembre la celebración es en honor a los muertos más jóvenes ya que la fecha también corresponde al día de “Todos los Santos” y el segundo, dedicado a los “Fieles Difuntos” es decir, los adultos.
Durante estos dos días se honra a todas esas almas que cambiaron el mundo terrenal por el de los espíritus a lo largo de los años, se trata de una celebración a la memoria y un ritual que privilegia el recuerdo sobre el olvido.
En la época prehispánica el culto a la muerte era uno de los elementos básicos de la cultura, cuando alguien moría era enterrado envuelto en un petate y sus familiares organizaban una fiesta con el fin de guiarlo en su recorrido al Mictlán. De igual forma le colocaban comida que le agradaba en vida, con la creencia de que podría llegar a sentir hambre.
El Día de Muertos en la visión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en su honor.
En esta celebración de Día de Muertos, la muerte no representa una ausencia sino una presencia viva; la muerte es un símbolo de la vida que se materializa en el altar ofrecido. En este sentido se trata de una celebración que conlleva una gran trascendencia popular ya que comprende diversos significados, desde filosóficos hasta materiales.
Los familiares de los difuntos preparan ofrendas con fotos, coloridas guirnaldas con flores de cempasúchil, las bebidas y alimentos favoritos, entre otras cosas.
La flor de cempasúchil es uno de los elementos infaltables en las ofrendas, y se usa para crear senderos hacia los altares. Su fuerte color amarillo representa al sol, que guía a las almas en su retorno a casa.

Otro símbolo popular en esta celebración es la imagen de La Catrina: adornada con flores y colores, representando una burla hacia quienes, por enriquecimiento económico, olvidaron sus raíces. Fue creada en 1912 por el caricaturista José Guadalupe Posada bajo el nombre de “Calavera Garbancera” y renombrada como La Catrina por el muralista Diego Rivera. Se trata de uno de los personajes favoritos para celebrar la cultura mexicana.

Durante la noche del 1 al 2, la ofrenda alcanza su máximo esplendor. Se reza y en varias zonas del país se pasa la noche en los panteones, dando comienzo al Día de los Fieles Difuntos. Al terminar la celebración, se degustan todos los platillos y bebidas de la ofrenda.

En México la celebración del Día de Muertos varía de estado en estado, de municipio en municipio y de pueblo en pueblo, sin embargo en todo el país tiene un mismo principio, reunir a las familias para dar la bienvenida a sus seres queridos que vuelven del más allá.