Este domingo, y tras pasar algunos días internado en el sanatorio Los Arcos, donde había sido ingresado por una infección urinaria, murió el ex presidente Carlos Saúl Menem. A mediados del año pasado, el ex mandatario había pasado 15 días internado en el Instituto del Diagnóstico y Tratamiento, por una neumonía bilateral, y había sido internado de urgencia también durante la Navidad del 2020.
Carlos Saúl Menem nació el 2 de julio de 1930, en la pequeña localidad de Anillaco, Departamento Castro Barros, provincia de La Rioja, Argentina, el 2 de julio de 1930. Sus padres, Saúl Menehem y Mohibe Akil, eran ambos de origen sirio y habían emigrado a la Argentina en la década de 1910. El apellido de su padre, «Menehem», fue castellanizado como «Menem» por las autoridades migratorias cuando arribó al país. Carlos Saúl cursó sus estudios primarios y secundarios en su provincia natal, en ambos casos en colegios públicos. Practicó la religión islámica hasta que decidió convertirse al cristianismo en su juventud. Por aquel entonces estaba vigente un precepto constitucional que establecía que el presidente de la Nación Argentina debía profesar la fe católica apostólica romana. La reforma constitucional impulsada por su propio gobierno en 1994, si bien no eliminó en sentido estricto el carácter confesional del Estado argentino, sí abolió la obligatoriedad de que el presidente fuera católico.
Solía contar que en 1951 viajó a Buenos Aires para participar en un campeonato de fútbol, oportunidad en que fue presentado a Juan Domingo Perón y a Eva Duarte. Desde entonces, su trayectoria en la política la daría en el justicialismo.
Vivío y estudió durante su juventud en Córdoba, donde se formó en abogacía y se recibió en 1955, mismo año del golpe a Juan Domingo Perón, y a partir del cual afianzaría su militancia peronista, defendiendo a muchos presos políticos de su provincia y de todo el país, hecho por el cual estaría preso durante algunos meses en 1957.
Como presidente del PJ de La Rioja viajó en 1964 a Madrid para entrevistarse con el General Perón. Encuentro que llamó la atenció del ya veterano dirigente que puso el ojo en su empatía y en su aspecto de caudillo del interior que ya empezaba a asomar.
Tras el fracaso de la llamada “Revolución Argentina”, el 11 de marzo de 1973, Menem llega a la gobernación de La Rioja con el 67% de los votos. Fue la primera elección en la que el peronismo se presentaba con su nombre desde 1955. La provincia era en ese momento una de las más postergadas del país. Desde ese cargo comenzó una dura tarea por hacerse conocer a nivel nacional y su natural simpatía lo llevo a llamar la atención. Con notable esmero fue creando una imagen pública ya sea con la televisión y radiofonía nacional, en las revistas políticas o del corazón, o en las reuniones públicas. Se podría decir que estaba en todas partes. Al mismo tiempo fue sembrando con la vista puesta en su futuro político porque recorría el país de Norte a Sur.
Aquí es cuando empiezan las historias de quienes lo conocían en las grandes ciudades o en los parajes más inhóspitos del país y cuentan de su gran memoria para recordar cada nombre y de la capacidad para encantar a cada persona que se cruzaba en su camino. El carisma fue quizás su impulso para llegar a las primeras planas del justicialismo nacional.
El 24 de marzo de 1976 una comisión militar lo detuvo y, enviado a la Capital Federal, engrosó la lista de los presos en el buque “33 Orientales”. Más tarde vino su estadía en el prisión militar de Magdalena hasta 1978, época en la que falleció Mohibe, su madre, y ni siquiera pudo ir a despedirla. Luego vino el régimen de libertad vigilada en Mar del Plata, donde cada salida se convertía en una manifestación porque la gente lo reconocía. Después pasó por Tandil y de allí al infierno de Las Lomitas, Formosa, donde faltaba de todo pero sobraba el calor y la humedad.
Una vez vuelta la democracia volvió a su lugar en la gobernación de La Rioja, con el apoyo del 54% de sus coprovincianos. Desde ahí hasta 1989 trabajó con el único objetivo de ser el candidato del peronismo a nivel nacional. La interna con Cafiero es ya conocida y su victoria en las elecciones adelantadas de 1989 ante Angeloz (había sido amigo y compañero suyo en la universidad) con más del 49 % de los votos lo puso en el sillón de Rivadavia.
Menem asumió la presidencia con una inflación de 5000 %, una crisis monetaria sin igual, y una fuerte crisis institucional que no se había subsanado con la vuelta de la democracia y el Juicio a las Juntas. Menem fue el presidente que llegó a garantizar estabilidad económica y social a un país que pedía a gritos paz y previsibilidad.
Lo que se puede asegurar es que ejerció el poder como pocos lograron hacerlo dentro de Casa Rosada, fue el jefe del peronismo y el presidente de la Nación en simultáneo durante una década, con amores y odios, ejecutó ese poder en un rumbo claro. Incluso lleva el galardón de haber garantizado una reforma constitucional, logro que sólo él y Perón pueden ostentar en el último siglo de democracia.
De las dos presidencias de Menem se desprenden hechos muy significativos para la historia argentina, desde los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA, el asesinato de su hijo, las privatizaciones, la convertibilidad, Río III, la venta de armas a Ecuador, la pizza y el champagne, la inflación 0, y tantos otros hitos que marcaron a fuego la última década del siglo XX, que permanecía revulsionada por la caída de la URSS y lo que parecía “el fin de la historia”.
Lo cierto es que su época dorada terminó, y devino en la crisis del 2001, los cinco presidentes en una semana, la victoria en las elecciones de 2003, su renuncia al ballotaje ante Kirchner, y su paso a las sombras. Menem volvería a La Rioja, a atravesar las causas en las que se lo investigaba por tráfico de armas, corrupción y enriquecimiento ilícito, para volver de perfil bajo a la senaduría de la nación, donde ejercería la política hasta sus últimos días, y garantizará seguramente otra de las grietas de esta Nación.