LA PLATA | 1 ENE. 2026

QUEMA DE MUñECOS

La Plata volvió a arder en Año Nuevo: cómo se vivió la quema de muñecos en los barrios

La tradicional quema de muñecos en La Plata volvió a ser una fiesta popular, con miles de vecinos recorriendo los barrios y celebrando una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad.



La ciudad de La Plata comenzó el año con una de sus postales más características. Durante la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1° de enero, la quema de muñecos convocó a una multitud que recorrió distintos barrios para ser parte de una celebración que combinó tradición, encuentro y fiesta popular.


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Desde las primeras horas de la noche, vecinos y visitantes se acercaron a los distintos puntos donde se levantaron los muñecos. Las figuras, construidas de manera artesanal por grupos barriales, representaron personajes del deporte, la cultura y la actualidad. La espera se vivió en comunidad, con música, charlas y mesas improvisadas en plena calle.

La quema de muñecos en La Plata volvió a demostrar que es mucho más que un espectáculo. Detrás de cada figura hubo meses de trabajo colectivo y organización vecinal. Para muchos platenses, recorrer los muñecos formó parte del ritual de fin de año y reafirmó una tradición que se transmite de generación en generación.

El importante movimiento de personas obligó a realizar cortes de tránsito y operativos de seguridad en las zonas más concurridas. A pesar de la gran convocatoria, la noche transcurrió con normalidad y en un clima de celebración, donde primó el respeto y el disfrute del espacio público.

Con la llegada de la medianoche, el encendido de los muñecos marcó el momento más esperado. Aplausos, fotos y videos acompañaron cada quema, mientras los vecinos continuaron recorriendo la ciudad para llegar a los últimos puntos. La celebración se extendió hasta entrada la madrugada y transformó a La Plata en un gran escenario a cielo abierto.

De esta manera, La Plata volvió a despedir el año reafirmando una tradición que la distingue en todo el país. La quema de muñecos ratificó su vigencia y su valor cultural, consolidándose como una fiesta popular que une a los barrios y mantiene viva una de las costumbres más emblemáticas de la ciudad.