Luciano Benavides ha escrito una de las páginas más doradas y dramáticas en la historia del Rally Dakar y del deporte argentino. En una definición que mantuvo en vilo al mundo del motor hasta el último metro, el piloto argentino se consagró campeón en la categoría de motos de la edición 2026. Lo que hace este triunfo verdaderamente excepcional no es solo la mínima diferencia de dos segundos sobre su perseguidor, sino el contexto de adversidad absoluta del que provino el salteño antes de iniciar la competencia.
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Largada milagrosa
Pocas semanas antes de la largada, la participación de Benavides era una incógnita total. Una grave lesión lo puso al borde del quirófano, y los médicos le daban mínimas posibilidades de estar en la línea de partida. Sin embargo, en un acto de resiliencia deportiva pocas veces visto, el menor de los hermanos Benavides decidió evitar la cirugía y apostar por una recuperación contrarreloj. "Casi no largo", confesó emocionado al cruzar la meta, recordando los días de dolor e incertidumbre que precedieron al éxito.
La etapa final fue el escenario de un duelo histórico. Tras miles de kilómetros de dunas y piedras, la corona se definió por un suspiro: apenas dos segundos lo separaron de la gloria frente a una competencia feroz. Esta diferencia es la más ajustada en la historia del rally más difícil del mundo, transformando la victoria de Luciano en un hito estadístico y emocional que quedará grabado en los libros del deporte motor internacional.
Más allá de lo técnico y lo físico, Luciano reveló un componente místico que lo acompañó durante el desierto. El campeón contó que, en medio de la fatiga, tuvo un sueño premonitorio con Lionel Messi, el cual interpretó como una señal de éxito para Argentina. “Fue un regalo de Dios”, afirmó con el trofeo en mano, vinculando su triunfo con la energía de la Selección Argentina y el espíritu de lucha que caracteriza a los deportistas del país, sumando así otra alegría de calibre mundial.