Alí Jamenei fue durante más de tres décadas la figura más poderosa de Irán. Nacido en 1939, asumió como líder supremo en 1989 tras la muerte de Ruhollah Jomeini y desde entonces concentró la última palabra en defensa, seguridad y política exterior. En las últimas horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó su muerte tras los ataques conjuntos con Israel a Irán.
Antes de llegar a la máxima jerarquía religiosa y política, Jamenei tuvo un papel activo en la Revolución Islámica de 1979. Fue presidente entre 1981 y 1989, período en el que consolidó su perfil como dirigente de línea dura y estrechó lazos con el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica.
Proveniente de una familia religiosa de Mashhad, perteneciente al linaje de los sayyids -que sostienen descender del profeta Mahoma-, su formación clerical comenzó a los 11 años en seminarios de Mashhad, Najaf y Qom. Fue discípulo directo de Jomeini y se convirtió en uno de sus hombres de confianza.
Durante su mandato, Jamenei impulsó una política exterior confrontativa con Occidente y reforzó la influencia regional de Irán mediante el respaldo a grupos aliados en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Al mismo tiempo, amplió la estructura de la Oficina del Líder Supremo, consolidando un entramado de poder paralelo al gobierno formal.
En el plano interno, enfrentó y reprimió múltiples oleadas de protestas: las manifestaciones estudiantiles de 1999, las denuncias de fraude electoral en 2009, las revueltas de 2019 y el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” entre 2022 y 2023 tras la muerte de Mahsa Amini. Organismos de derechos humanos denunciaron miles de muertos en esos episodios.
Su vida estuvo marcada por fuertes medidas de seguridad. Desde 1989 no abandonó el territorio iraní. Sus discursos no se transmitían en vivo y sus apariciones eran anunciadas sin anticipación. En 1981 sobrevivió a un atentado con explosivos que le dejó inmóvil el brazo derecho.
En los últimos años, su autoridad se vio desafiada por sanciones internacionales, tensiones económicas y la creciente penetración de la inteligencia israelí en estructuras de seguridad iraníes. También por disputas internas sobre su sucesión, en las que aparecía el nombre de su hijo Mojtaba como posible heredero político.
La muerte de Jamenei no solo cierra una etapa histórica iniciada con la Revolución Islámica. También deja abierto el interrogante sobre el futuro de la República Islámica y el rumbo que tomará Irán en un contexto de guerra abierta con Estados Unidos e Israel.