LA PLATA | 1 ABR. 2026

13 AñOS DE LA TRAGEDIA

“En dos minutos estabamos bajo agua”: la noche en que La Plata quedó sumergida

Relatos en primera persona de una tragedia que todavía deja marcas en todos los ciudadanos platenses.



La tarde del 2 de abril de 2013 en La Plata parecía una más. El cielo gris y la lluvia intermitente no anticipaban lo que estaba por venir. Fernanda, una vecina de Barrio Hipódromo lo recuerda con claridad: “El día estaba feo, llovía de a ratos, no hacía mucho calor y decidimos no hacer planes. Estábamos mirando en la televisión las inundaciones en Buenos Aires y pensábamos ‘pobre gente’, sin saber que horas después nos iba a pasar lo mismo y peor”.


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Cerca de las 4 de la tarde comenzaron a caer las primeras gotas con más intensidad. Lo que siguió fue una escalada tan rápida como inesperada. Julián, su hijo, salió a cubrir el auto en medio de una fuerte caída de granizo: “No pensás mucho en ese momento, agarré una lona y lo tapé como pude. El granizo era grande”. Minutos después, la lluvia se volvió constante, pesada, “como baldazos”, y las calles empezaron a transformarse en ríos.

A unas cuadras de allí, en Tolosa, Ernesto estaba en su casa cuando recibió un llamado que cambiaría el rumbo de la tarde. Era su vecino y colega, Guillermo: “Me dijo que le estaba entrando agua y que seguramente en el taller también. No parecía grave, pero la lluvia no paraba”. Julián decidió ir igual hacia el negocio familiar. Manejó esquivando calles anegadas hasta donde pudo y caminó las últimas cuadras. “Cuando llegué, el agua no era tanta. Alcancé a levantar algunas cosas y a poner una compuerta para que no pase a la parte de herramientas”.

Pero todo cambió en segundos. “De repente, el agua empezó a brotar del suelo, como una fuente. En dos minutos ya me llegaba a los tobillos. Ahí entendí que no había nada más que hacer”. Salió como pudo. Cuando volvió al auto, el agua ya cubría la mitad de las ruedas del vehículo.

Del otro lado, Guillermo vivía el mismo proceso, pero dentro de su casa. “Primero entró de a poco, pero después no paró más. En minutos la teníamos arriba de las rodillas”. Junto a su esposa intentaron salvar lo que pudieron, pero fue inútil. “La heladera flotaba, los sillones también. No nos dio tiempo a nada”.

Entre las 8 y las 10 de la noche, el agua alcanzó su punto máximo. En muchas zonas superó el metro de altura. En otras, como Los Hornos, llegó a tapar casas enteras. “Rogábamos que dejara de llover para que no siguiera subiendo”, cuenta Guillermo. Pero cuando la lluvia finalmente cesó, el alivio no llegó: el agua seguía allí.

El día después de la tormenta

A la mañana siguiente, la escena era desoladora. Julián volvió al taller con su hermano, pero no pudo entrar: “El agua nos llegaba a la cintura. No había nada que hacer”. Recién por la tarde, cuando el nivel del agua bajó, pudieron dimensionar el desastre. “Era todo barro, herramientas tiradas, repuestos perdidos. No quedó nada como estaba”.

Ernesto no pudo soportarlo. “Cuando vi cómo había quedado todo, dije ‘no abro más’”. Sin embargo, con el paso de los días y la ayuda de familiares y amigos, encontró fuerzas para reconstruir. “Estuvimos semanas limpiando. Casi un mes sin trabajar y varios más para recuperarnos”.

Para Guillermo, el proceso fue igual o más duro: casa, auto y taller afectados. “Perdimos muchísimo. Fueron días muy difíciles, pero de a poco nos fuimos levantando”.

13 años después, las marcas siguen ahí. No solo en las paredes o en los objetos, sino en la memoria. “Cada vez que llueve fuerte, el miedo vuelve”, dice Guillermo, a lo que Ernesto agrega: “Todos los días veo la marca del agua en la pared. Es imposible olvidarse”.

Las marcas en las paredes que combinaban la suciedad del barro e hidrocarburos, aún siguen impregnadas y visibles en algunas zonas de La Plata, 13 años después.

La ciudad cambió, se hicieron obras, pero el recuerdo permanece intacto. Porque para quienes lo vivieron, aquella noche no fue solo una tormenta: fue una experiencia que cambió sus vidas para siempre.