Los combustibles volverán a quedar bajo la lupa este lunes, cuando YPF y el resto de las petroleras definan si aplicarán nuevos aumentos tras el fin del esquema de congelamiento parcial que rigió desde abril. Durante los últimos 45 días, las empresas absorbieron las variaciones internacionales del petróleo sin trasladarlas directamente al precio en los surtidores.
La medida había sido anunciada por el presidente y CEO de Horacio Marín, quien confirmó que la petrolera mantendría sin cambios los valores de los combustibles por un plazo de un mes y medio. El objetivo fue contener el impacto de la escalada del crudo y evitar una suba inmediata para los consumidores.
En el sector explican que el mecanismo funcionó como una herramienta de contención frente a la volatilidad internacional. De esa manera, se buscó amortiguar las fluctuaciones del mercado petrolero y reducir la presión sobre el bolsillo de los usuarios en medio de un contexto económico sensible.
Desde que se profundizó el conflicto entre Estados Unidos e Irán a fines de febrero, los combustibles acumularon un incremento cercano al 23%. La suba estuvo impulsada por el fuerte avance del petróleo a nivel global, en medio de la tensión geopolítica en Medio Oriente. En ese escenario, tanto el Brent como el WTI llegaron a dispararse más de un 50%
Sin embargo, en los últimos días el mercado internacional mostró señales de alivio ante la posibilidad de un acuerdo entre Washington y Teherán. Eso provocó una baja de entre el 10% y el 12% en las cotizaciones del crudo, aunque los valores todavía se mantienen cerca de los 100 dólares por barril.
Con este panorama, las petroleras analizan una nueva actualización en los precios y la expectativa está puesta en definir de cuánto será finalmente el ajuste que podría reflejarse en las estaciones de servicio.